
No sé si será la llegada del calor de verano la que me está haciendo calentarme tanto la cabeza. El caso es que, en estos momentos, me encuentro un poco sobrepasada con tantos accesorios.
Yo soy una chica normal, me gusta ir bien, pero no me obsesiona. Mi tiempo de arreglo es de unos 30 minutos incluyendo ducha, elección de modelito, peinado, complementos y pinturillas. Pero resulta, que este proceso se complica mucho más si eres la novia.
Encontré el vestido pronto, quizá demasiado y ya me están viniendo las inseguridades, después de verlo tres o cuatro veces, ya no me enamora tanto como al principio.
Luego me compré los zapatos, que se están convirtiendo en una tortura china para mis pies, porque por más que me dijeran que darían de sí, no hay manera.
La ropa interior fue una elección fácil: comodidad al poder.
Busqué peluquera, pero ni idea de lo que va a hacer con los tres pelos esos que tengo pegados con pegamento del malo (se me caen a manojitos). Además, me apremia en que me decida en lo que sea que me vaya a poner en la cabeza, para buscarlo y acoplarlo al hipotético peinado. Y digo yo, ¿no vale con unas horquillitas de esas negras de toda la vida?
La maquilladora hasta finales de julio no se va a pronunciar.
Ahora hay que encontrar pendientes, pulsera, collar y demás complementos joyiles. ¡Pero si yo no llevo nunca de ná!
Y ahí no queda la cosa. Cuando ya lo tienes todo te dicen: muy bien, todo muy mono. Y cuando te quites la mantilla o el velo, ¿qué te vas a poner? Y tú piensas: ¡Dios mío, esto no acaba nunca!
Por si fuera poco, la tradición dice que las novias deben llevar algo nuevo, algo viejo, algo prestado y algo azul. Esto es un poco CANSINO.
Yo soy una chica normal, me gusta ir bien, pero no me obsesiona. Mi tiempo de arreglo es de unos 30 minutos incluyendo ducha, elección de modelito, peinado, complementos y pinturillas. Pero resulta, que este proceso se complica mucho más si eres la novia.
Encontré el vestido pronto, quizá demasiado y ya me están viniendo las inseguridades, después de verlo tres o cuatro veces, ya no me enamora tanto como al principio.
Luego me compré los zapatos, que se están convirtiendo en una tortura china para mis pies, porque por más que me dijeran que darían de sí, no hay manera.
La ropa interior fue una elección fácil: comodidad al poder.
Busqué peluquera, pero ni idea de lo que va a hacer con los tres pelos esos que tengo pegados con pegamento del malo (se me caen a manojitos). Además, me apremia en que me decida en lo que sea que me vaya a poner en la cabeza, para buscarlo y acoplarlo al hipotético peinado. Y digo yo, ¿no vale con unas horquillitas de esas negras de toda la vida?
La maquilladora hasta finales de julio no se va a pronunciar.
Ahora hay que encontrar pendientes, pulsera, collar y demás complementos joyiles. ¡Pero si yo no llevo nunca de ná!
Y ahí no queda la cosa. Cuando ya lo tienes todo te dicen: muy bien, todo muy mono. Y cuando te quites la mantilla o el velo, ¿qué te vas a poner? Y tú piensas: ¡Dios mío, esto no acaba nunca!
Por si fuera poco, la tradición dice que las novias deben llevar algo nuevo, algo viejo, algo prestado y algo azul. Esto es un poco CANSINO.
Necesito que me animéis para llegar al final...
Esther chiquitina... No pierdas la Cé, la Fé o la Gé!! Siempre puedes recurrir a la pulserita negra de la Asociación!! Y para algo nuevo, prestado,usado y azul... Pues metete debajo del traje a Doraimon jajajaja!! Un besazo!!
ResponderEliminar